Imagen: Secretaría de Cultura de Guanauato.

Cultura sin territorio: el espejismo participativo del Programa Estatal 2025–2030

Una política cultural escrita desde el escritorio, no desde Guanajuato.


10 de noviembre de 2025. Celaya, Guanajuato.– La recién creada Secretaría de Cultura del Estado de Guanajuato presentó con entusiasmo su Programa Estatal de Fomento y Difusión de la Cultura 2025–2030, un documento que, en el papel, promete transformar la política cultural con palabras de alto calibre: “derechos culturales”, “gobernanza”, “participación ciudadana”, “economía creativa”. Pero al leerlo con detenimiento, lo que aparece no es una visión transformadora, sino un texto lleno de paja, tecnicismos y buenas intenciones que poco o nada tienen que ver con la realidad cultural guanajuatense.

Una “cultura de la gente”… sin la gente

El programa se autodenomina Cultura de la Gente, pero nunca identifica con precisión quiénes son esa “gente”. Los artistas, promotores, gestores, talleristas y comunidades que sostienen la vida cultural cotidiana del estado están ausentes del texto, reducidos a porcentajes de encuestas y a listas de nombres en los agradecimientos.
Se habla de participación ciudadana, pero lo que se documenta son ejercicios burocráticos de “consulta social” con resultados superficiales. El diagnóstico carece de análisis cualitativo, no hay indicadores comparativos ni presupuestos claros. Es un documento que diagnostica lo obvio —falta de recursos, precariedad laboral, centralismo, infraestructura abandonada— sin ofrecer rutas de solución.

El simulacro de la participación

La llamada consulta social se presenta como un ejercicio democrático de inclusión. En realidad, fue una operación simbólica de legitimación: encuestas digitales, foros protocolarios y mesas técnicas coordinadas por IPLANEG.
Los resultados son tan genéricos que podrían aplicarse a cualquier estado del país. Se habla de “impulsar la mediación cultural”, “fortalecer las industrias creativas”, “ampliar la profesionalización”, pero no se explica quién lo hará, cómo, ni con qué presupuesto.
La participación, en este modelo, se reduce a una coartada metodológica para justificar decisiones ya tomadas desde arriba.

Sin personal, sin recursos, sin territorio

Uno de los vacíos más graves del documento es el institucional. La Secretaría de Cultura carece de estructura operativa, de perfiles especializados y de conocimiento territorial.
La mayoría de quienes redactaron el programa provienen del ámbito administrativo, no del artístico o académico, lo que explica el exceso de glosarios y la ausencia de visión cultural real.
Además, la titular, Lizeth Galván Cortés, no es originaria de Guanajuato ni tiene trayectoria reconocida en el ecosistema cultural del estado.
Pretender planear políticas culturales para un territorio sin conocerlo, ni haber dialogado con sus creadores, es una forma más de centralismo burocrático.

La retórica del desarrollo y el lenguaje ONU

El texto está plagado de citas y alineaciones con la Agenda 2030, la Mondiacult y el Plan Estatal 2050. Sin embargo, estas referencias internacionales sirven más como adorno retórico que como guía de acción.
La cultura guanajuatense no se transforma con indicadores ODS ni con diagnósticos IPLANEG, sino con estrategias concretas de descentralización, financiamiento y reconocimiento laboral.
Lo que este documento muestra es el rostro más tecnocrático del discurso cultural: se habla de “economía naranja” (modelo que convierte ideas, conocimiento y cultura en bienes y servicios) y “gobernanza cultural” sin abordar la precariedad de los creadores ni el abandono de los espacios comunitarios.

Cinco líneas estratégicas, cero estrategia

Las cinco líneas del programa —participación, educación artística, creación, patrimonio y economía creativa— funcionan como una lista de deseos institucionales.
No hay metas medibles, no hay responsables, no hay proyecciones presupuestales.
En el mejor de los casos, son intenciones loables; en el peor, un nuevo inventario de frases vacías. La cultura se presenta como un derecho, pero se gestiona como un trámite.

Una política cultural sin cultura

El Programa Estatal de Fomento y Difusión de la Cultura 2025–2030 es un ejemplo claro de cómo la burocracia ha sustituido a la imaginación política.
La “cultura de la gente” termina siendo la cultura del gobierno hablando sobre la gente, no con ella.
Y mientras la Secretaría de Cultura continúe sin cuadros técnicos, sin presupuesto suficiente y sin una cabeza con arraigo en el estado, lo único que florecerá será la simulación.

Hacia una cultura desde Guanajuato, no desde el escritorio

Una política cultural auténtica para Guanajuato debe comenzar reconociendo tres urgencias:

  1. Pertinencia local: entender las realidades regionales —del noreste minero al corredor industrial— y sus expresiones propias.
  2. Profesionalización con sentido: incorporar a los agentes culturales con experiencia y trayectoria, no a operadores improvisados.
  3. Descentralización efectiva: distribuir los recursos y los procesos de decisión más allá de las capitales y de los grandes festivales.

Porque la cultura no necesita más discursos ni programas encuadernados: necesita presencia, justicia y pertenencia.
Y eso solo puede surgir desde quienes vivimos, creamos y resistimos en este territorio.

 
Macaria España
Escritora, periodista y gestora cultural.

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