Imagen creada con IA.

La violencia empieza en los escritorios

[Artículo de opinión]

Por Macaria España
Escritora y periodista cultural. Fundadora del Sindicato de Escritoras y Escritores de Guanajuato A.C.

El tocamiento a la presidenta Sheinbaum refleja un sistema que ha permitido que el cuerpo de las mujeres sea territorio público desde los espacios laborales e institucionales.


7 de noviembre de 2025. Ciudad de México.- Lo que ocurrió con la presidenta Claudia Sheinbaum —el manoseo en público, la invasión de su cuerpo en un acto multitudinario— no puede ni debe reducirse a un simple episodio de morbo o de “falta de control”.

Es el reflejo más nítido de un país donde las violencias se incuban en los espacios institucionales y terminan manifestándose en los cuerpos de las mujeres, incluso en el de la máxima autoridad del Estado.

Durante años he sostenido que la violencia física es la última consecuencia de una cadena de violencias menores que se toleran y se normalizan, especialmente en el ámbito laboral e institucional.

Cuando una mujer es humillada, invisibilizada o acosada dentro de una oficina pública —ya sea por un jefe, una jefa o un colega— y nadie interviene, el Estado enseña, con su silencio, que agredir a una mujer no tiene consecuencias.

La socióloga Rita Laura Segato lo ha explicado: vivimos bajo una pedagogía de la crueldad, donde cada acto de impunidad es una lección para el agresor potencial.
Y Pierre Bourdieu lo llamó violencia simbólica: aquella que opera disfrazada de “broma”, de “comentario”, de “jerarquía”.

Cuando figuras públicas se burlan de las mujeres —como lo hizo Paco Ignacio Taibo II al referirse con desprecio a las escritoras— y las autoridades ríen o guardan silencio, no es una anécdota: es una instrucción social.

Por eso no creo que el tocamiento a la presidenta sea un hecho aislado ni espontáneo. Es el resultado lógico de una estructura que ha permitido, por décadas, que los cuerpos de las mujeres sean vistos como territorio público.

Hoy le tocó a la presidenta, pero antes nos ha pasado a miles de mujeres en oficinas, escuelas, redacciones, universidades o congresos.

Este país llega tarde a sus políticas de género porque llega después de la herida.
Tarde para las que fuimos acosadas, tarde para las que fuimos despedidas por denunciar, tarde para las que ya no están.

Lo que ocurrió no se trata solo de un agravio contra una mujer en el poder, sino de un espejo brutal de lo que la sociedad ha permitido que siga ocurriendo todos los días.

No se trata de estar contra la presidenta, sino de recordar que ninguna mujer —ni la más poderosa— está a salvo mientras el Estado siga tolerando las violencias “pequeñas” que lo sostienen.

Porque el feminicidio, el acoso y la impunidad no nacen en la calle: nacen en las instituciones.

 

 

Deja un comentario